¿Qué tan preparados estamos para asumir una pérdida?

Wheat Background

El miedo a vivir una pérdida nos limita a relacionar este concepto con imágenes de dolor y desconsuelo. Sin embargo, a veces olvidamos que las pérdidas siempre han hecho parte de nuestra vida y que gracias a estas fortalecemos nuestra capacidad de resiliencia. Se podría decir que a diario vivimos pequeñas pérdidas que nos dejan apenas un sentimiento de desilusión y que estas no son comparables con la ausencia de un ser querido; y sí, es cierto, nada puede compararse con el fallecimiento de alguien que ha sido muy importante para nosotros. Lo que también es cierto, es que cada duelo, por pequeño que sea, lo vivimos de formas muy similares.

Tomemos como ejemplo nuestra rutina diaria: nos levantamos temprano, desayunamos a tiempo y logramos estar listos a la hora programada para iniciar nuestro día… de repente, se presenta una circunstancia que nos hace demorar un poco más de lo esperado. Al darnos cuenta, agilizamos el paso, corremos hacia el paradero y vemos que el autobús pasa por nuestro lado a gran velocidad mostrándonos que aún, si pudiéramos volar, no podríamos alcanzarlo; un evento que causaría nuestra primera pérdida del día, una pérdida que pasará por todas las etapas de duelo.

Al principio, puede que nos parezca increíble el hecho de haber estado al lado del autobús y no haber podido alcanzarlo (negación). Después, sentiremos un poco de frustración, enojo y culpabilidad al darnos cuenta de que esa era la única opción que teníamos para llegar a tiempo al trabajo (ira). Luego, empezaremos a recordar todo lo que pudimos haber hecho para evitar este acontecimiento, hasta imaginarnos que, de haber salido todo bien, ya estaríamos en el trabajo (negociación). Finalmente, un poco decepcionados por haber tenido que buscar otra solución (depresión), decidimos crear un plan B, C, D… cuantos se necesiten para continuar con nuestro día (aceptación).

De esta manera, hacer una lectura más consciente de nuestras pequeñas pérdidas, nos ayudará a entender que todos los días nos estamos enfrentando a este tipo de situaciones y que de nosotros depende entender y vivir cada etapa con naturalidad y serenidad. Si ante estas adversidades, relativamente sencillas, logramos rescatar los mejores aprendizajes, nos estaremos dando la oportunidad de fortalecer el desapego, de actuar con mayor tranquilidad, de generar soluciones y de recuperarnos fácilmente ante eventos mucho más complejos.

Toma de cada experiencia los mejores aprendizajes para llenarte de fortaleza

3 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *